El peor gobernador de Chiapas

Sandra de los Santos
Yo también pienso que Manuel Velasco no es una persona malvada. -¡Ojalá y no me equivoque!- pero, pienso que como ciudadanos y ciudadanas no es algo que tengamos que agradecer o pensar que eso es suficiente. No nos acostumbremos a la mala vida. Nos merecemos un gobernador que respete los derechos humanos, que tenga capacidad de solución, honesto y visionario. No tenemos por qué conformarnos con menos o pensar que es suficiente con que sea menos malo que al anterior.
Por Sarelly Martínez

Hay amigos que nos retan, seguramente a usted también le ha pasado, a que identifiquemos al peor gobernador de Chiapas. Los nombres, quizá por nuestra corta memoria, se reducen a Juan Sabines Guerrero y a Manuel Velasco Coello.

Algunos afirman, con bastante seguridad, que este último rebasará fácilmente al nieto del mayor Sabines.

 Foto; @IsabelAguilera

No lo creo, y ojalá que no me equivoque, pero el Güero, no obstante su frivolidad y falta de preparación, no es un malvado. Eso, en estos tiempos calamitosos, es una bienaventuranza.

Juan Sabines Guerrero, aparte de destruir el estado, empobrecer a los habitantes y robar sin pudor alguno a la hacienda pública, creó un clima de zozobra que se respiraba en todos los niveles.

Amas de casa, profesores, abogadas, líderes sociales, constructores y empleados públicos se sentían –nos sentíamos vigilados– y candidatos seguros al Amate.

Ese ambiente se impregnó en la sociedad, en los diferentes niveles de gobierno y en el círculo poderoso de Palacio. Razones para tal insania las había de a montones. Alejandro Gamboa nos dijo a Pepe López Arévalo y a mí que en dos ocasiones habían girado instrucciones para arraigarlo.

Si un colaborador tan cercano a Sabines, nos dijimos, era arraigado por órdenes del propio gobernador, qué se podía esperar de los ciudadanos comunes y corrientes como nosotros. Solo encierro, destierro o entierro, como decían los viejos revolucionarios.

Ese clima, que convirtió al exgobernador en la persona más odiada en Chiapas, no lo vivimos actualmente. Y ojalá que no lo volvamos a vivir. Sería catastrófico para el gobierno y para la sociedad, porque ante la infamia los ciudadanos aprendimos a organizarnos y a defendernos.

La perversidad de Sabines no la trae Manuel Velasco, pero sí lleva un gobierno frívolo y sin rumbo, que se ha convertido en el hazmerreír de México.

 

 

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