Un despojo que volverá a ocurrir

Hace poco más de un año, en el desierto de Coahuila, 14 viejitos miserables decidieron cerrar un camino de tierra que una minera canadiense usa y que está sobre la propiedad que heredaron de sus padres.

Es decir: el camino de tierra cruza su ejido, Tenochtitlan. Los viejitos, que viven en casas de lodo y palos, bloquearon ese acceso porque es parte de su propiedad.

La minera First Magestic tiene su propia seguridad privada (que ha usado contra los viejitos en otras ocasiones) pero esa vez decidió librarse de ellos de manera más fácil: llamó a las autoridades mexicanas.

Era un 27 de junio. La reportera Kowanin Silva, del periódico Vanguardia de Saltillo, cita a uno de los viejitos:

“Estábanos tapando con un falsete para que no pasaran el diesel y vinieran los señores de la mina a dialogar, nada más que en lugar de dialogar nos echaron a la judicial. Nos llevaron presos detenidos. 64 judiciales, 16 camionetas, para llevarse a 14 viejitos de su propiedad. Sentimos feo porque éranos puras personas de la tercera edad. Era la ley. Venían armados y diciéndonos groserías. Nos echaron arriba de las trocas como cayéranos y nos llevaron”, dijo Efrén Barajas.

La Procuraduría del Estado de Coahuila ordenó un operativo para aprehenderlos por “obstrucción de vías de comunicación”. La Procuraduría del Gobernador Rubén Moreira, hermano de Humberto.

“Nos levantaron y nos pasearon por Múzquiz, Rosita, Monclova, luego Cuatrociénegas hasta Químicas del Rey. Fueron más de 12 horas en la noche. Iban bien recio. Lo que no querían era que les amaneciera en el camino con nosotros”, dijo Lauro Vega a la periodista.

Algunos de los viejitos todavía tienen marcas de las esposas. Un año después.

Para salir de prisión tuvieron que pagar 500 pesos cada uno.

El camino de tierra que “obstruyeron” no está registrado en la Secretaría de Comunicaciones y Transportes. Y no está, porque no existe: ese camino es parte de las tierras de los viejitos.

*** En 1976, el grupo de 36 ejidatarios recibió el título de propiedad de Tenochtitlan por 10 mil 100 hectáreas. Un decreto presidencial. Pero cuando fueron a la Secretaría de la Reforma Agraria a recoger sus documentos, en 1980, ya eran menos tierras: sólo 8 mil 765 hectáreas. Las que “desaparecieron misteriosamente” ahora eran propiedad de Grupo Peñoles, incluida La Encantada, una generosa mina de plata que podría dar de comer no sólo a los viejitos del pueblo sino también a sus siguientes diez, quince, cien generaciones.

En 2004, conocedor de la riqueza que hay en el subsuelo –que ya explotaba–, el corporativo Peñoles se amparó y siguió ocupando las tierras y extrayendo la plata que de acuerdo con las leyes mexicanas, aunque ya esté distribuida por todo el mundo, es de los viejitos.

Peñoles, sin embargo, perdió el amparo en 2006 y la Reforma Agraria ordenó restituir las tierras (las 10 mil 100 hectáreas completas) a los habitantes de Tenochtitlan. Pero, para entonces, Peñoles ya había “vendido” la mina canadiense la propiedad que ocupaba con un amparo. (¿Se puede hacer eso? Claro que se puede hacer eso y más en este país. Es cuestión de tener el dinero).

Ahora los viejitos se las ven con First Magestic, que tampoco tiene buenos modales y a la vez que litiga lo que pertenece a estos ciudadanos mexicanos, saca más de mil millones de dólares en onzas de plata cada año.

Más de mil millones de dólares al año, sí. La plata sale en aviones privados cada tercer día, de acuerdo con los periodistas del diario coahuilense Vanguardia. Vuela al extranjero.

Más de tres décadas de saqueo llevan ambas empresas. Primero la mexicana, Peñoles; ahora la canadiense.

Más de 35 años tratando a los viejitos a patadas, matándoles los animales, obligándolos a identificarse incluso para entrar a su propiedad. Más de 35 años jodiéndoles el terreno, dejándolos sin agua. Las chivas que les permiten malvivir, narra la reportera Kowanin Silva, se les mueren de una en una por los químicos que se han vertido a la poca agua que tenían en ese enorme desierto.

Y seguramente los viejitos, de por sí ya muy pocos, morirán sin ver un peso. O les darán una embarrada en la mano, apenas unas babas. Porque hasta no han visto nada y están cansados de luchar. Porque la justicia es para los que tienen más.

Un cálculo hecho por la periodista Silva indica que, si aceptan lo que les ofrece la minera canadiense, podrían recibir unos 277 mil pesos cada uno. Claro, a eso hay que descontarle el 30 por ciento que se llevan los abogados. La minera pagó 68 mil pesos de impuestos en 2013 por extraer un millón 277 mil 500 toneladas de mineral.

68 mil pesos de impuestos en 2013. Qué país.

*** Pocos se dieron cuenta, pero los legisladores del PRI y del PAN que aprobaron la Reforma Energética de Enrique Peña Nieto dieron un “regalito” a las empresas mineras: si justifican proyectos de energía, podrán utilizar la misma ley que ya permite a las petroleras sacar de sus propiedades a cuanto jodido mexicano se les atraviese en sus planes. Como los jodidos viejitos.

Tengo una sola cosa más que decir a los legisladores que aprobaron esa reforma: ojalá que cada peso que obtuvieron en bonos por entregar los recursos en los mexicanos, se les atore a la hora de ir al baño. Ojalá se los traguen en monedas, por supuesto.

No tienen madre.

*Esta columna refleja sólo el punto de vista de su autor
Por: Alejandro Páez Varela
@paezvarela

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